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lunes 26 de enero de 2009

Los periódicos se lo merecen

Ya mucho se ha hablado acerca de la crisis en los medios impresos. No es nada nuevo y, en lo particular, me sorprende que se haya tardado tanto.

Jerry Seinfeld cuenta un chiste que dice: "es sorprendente que todas las noticias del mundo caben exactamente en un periódico". Es una clara ironía de como los periódicos no son versátiles: no importa lo que pase, siempre serán de 48, 54 o 68 páginas. De hecho solo varían por la cantidad de publicidad que tienen, pero la cantidad de contenido siempre es la misma.

No se adaptan.

La crisis en los periódicos no se ha dado por que el internet lo supera prácticamente en todo, creo que se ha dado porque los medios impresos se lo han buscado. Son los únicos culpables de su decadencia. Me explico:

Antes solo unos cuantos podían tener el privilegio de escribir en los medios. Eso les daba fama y alimentaba sus egos. Ahora, gracias al internet, cualquiera puede abrir un blog y empezar a escribir y los buscadores hacen que la información sea disponible para quién la requiera.

Escribir en un periódico ya no te hace especial.

La gente que escribe en los medios impresos, cree que todavía puede dormir en sus "laureles". Como ejemplo el siguiente artículo de Héctor Aguilar Camín en Milenio:

Sin tema
Lunes, 26 Enero, 2009

Llega la hora de escribir para MILENIO y por primera vez en mucho tiempo, en la diáfana mañana del domingo 25 de enero de 2009, una mañana de otro tiempo, cuya luz afina y perfecciona las cosas, no hay en mi cabeza tema adecuado, ni ánimo propicio, para el pequeño viaje de escribir esta columna, nada que me haya guiñado el ojo al pasar de los periódicos, nada que haya apartado en días anteriores para escribir en éstos, y aunque es verdad que temas sobran, no hay ninguno para mí, ninguno en el que quiera montarme para hacer las 400 palabras que exige esta columna, cantidad leve, siempre invitadora y amigable, pero hoy excesiva, inalcanzable casi, por falta de un tema convincente en qué empeñarla, un tema invitador que se ilumine solo y salte venciendo los obstáculos de la repetición y la ignorancia, es decir, de las cosas de que he hablado demasiado, y de las cosas sobre las que nada tengo que decir, pues las ignoro, de manera que corren las horas de la mañana milagrosa y el tema sigue desierto en mi cerebro, ocupado sólo por la mañana misma, que se propaga luminosamente haciéndome ver por la ventana del lugar en donde escribo algunos de los lujos forestales de la colonia San Miguel Chapultepec, lugar de edificios bajos que no tapan las copas de los árboles más altos, tan altos como edificios de cinco y siete pisos, árboles que veo por mi ventana, sobresaliendo bardas y azoteas en su secreta plenitud urbana, mientras yo, acodado frente a la pantalla de la computadora, divago en busca de un tema, hurgando mi cerebro, hallándolo desierto de todo lo que no es la fiesta forestal de esta mañana, la fronda esférica del ficus de cinco pisos que crece en el traspatio del edificio vecino, la oscura y simétrica araucaria, más alta que el ficus, que nutre el patio viejo de mi casa, el fresno monumental cuyas raíces hercúleas han roto las banquetas de la calle donde vivo, y una palmera triste y un pino algodonoso en el patio de mi otro vecino, todos bañados por la imaginación de la luz que estalla desde su propia transparencia mientras corre la mañana y nada tengo para la columna del lunes sino las pobres opciones de la repetición y la ignorancia, razón por la cual decido no escribir este día, dejarlo pasar, dar un paso al costado, rendir un homenaje de silencio a la luz absoluta de la mañana, delante de la cual cantan los pájaros, como escribió el poeta, y a instancias de la cual conviene que callen los escritores sin tema de principio de semana.

Sí, el autor empieza a describir lo que ve por su ventana. Me imagino en una situación donde tenga que hacer un escrito:

  • Trabajo de la escuela
  • Reporte de la empresa
  • Carta a la novia
Donde si empiezo a describir simplemente lo que veo por mi ventana:
  • La maestra, al ver que me burlo de ella, me reprobaría
  • En la empresa me echarían
  • Me diría que para tonterías, las justas
Y aún así, el escritor grabó sus 400 caracteres, los mandó al periódico y se fue a dormir a sus "laureles".

Gracias internet, por librarnos de estos tipos...

4 comentarios:

Rogelio dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Rogelio dijo...

La verdadera pregunta es qué te pasó por la mente para leer a ese tarado? ... Estás igual de mal por haber dedicado tiempo en leer su columna.... Y me siento más tonto por haberlo leído a él y ti. Saludos, te lo lavas...

http://elblogdocable.blogspot.com/ dijo...

muy buen blog amigo.

Estoy de acuerdo con Rogelio

Fede M. Arreola dijo...

Nunca lo leo, lo admito. Pero dando una vuelta por los medios me topé con un artículo titulado "sin tema", entré casi son saber de quién era...

lo sé no hay perdón! jeje