En todo el mundo existen empresas que son propiedad del Estado. La mayoría de estos casos se tienen que justificar en el mundo liberal en el que vivimos, ya que una empresa pública no se enfrenta a las fuerzas del mercado y la libre competencia. Normalmente lo hacen con frases como "Esta industria es el pilar de la economía nacional". Con esto no estoy diciendo que esto esté bien o mal, sino que así son las cosas.
En México hubo un fuerte debate cuando Calderón quiso impulsar una reforma energética. Esta era el primer paso para lo que sería una privatización de la empresa más grande de México,
PEMEX. La oposición, encabezada por Andrés Manuel López Obrador, no aceptó que se privatizara el patrimonio de todos los mexicanos (petróleo) y se enfrentó a todo: a los medios oficiales y a la gran propaganda que el gobierno realizó con recursos públicos. La Resistencia Civil Pacífica aguantó y salió airosa en contra de todos los pronósticos. Bueno, también ayudó que la Resistencia probó vínculos de corrupción entre la paraestatal y
Juan Camilo Mouriño.
Esto es lo normal: la derecha queriendo privatizar y la izquierda no. Es una simple lucha de ideología.
En España, las cosas funcionan al revés:
Repsol es la empresa energética del país ibérico. Su privatización terminó en 1997, cuando el
Partido Popular (derecha) gobernaba. Hasta aquí todo normal.
La empresa constructora española,
Sacyr Vallehermoso se hizo del 20% de Repsol, gracias al
boom de la construcción que ha habido en España en los últimos años.
La crisis financiera actual ha afectado con singularidad a España, ya que este país apalancó su crecimiento en la industria de la construcción. Una industria que vive de créditos. Créditos que ya no existen.
Total, que Sacyr Vallehermoso ya no es lo que era. La empresa
necesita vender su 20% de Repsol. Ya hasta tienen un comprador: la empresa rusa
Lukoil. Esta empresa es la más grande de Europa y la joya en su corona sería ese 20% de Repsol.
En resumen, la privatización de Repsol promovida por el Partido Popular en 1997 solo ayudó a que 11 años después Repsol ya no fuera española. Estos son los riesgos que los liberales de derecha entiendes y aceptan, todo por el bien de hacer las empresas más eficientes.
Lo que pasa ahora en España es que el presidente, del partido de izquierda PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, apoya esta compra. En realidad lo que dice es que hay que dejar que las empresas privadas hagan lo que quieran, y hace bien.
La derecha, encabezada por Mariano Rajoy, dice que esta venta es inaceptable. Rajoy textualmente dijo ayer: "La luz, la energía y la gasolina, son un instrumento de supervivencia. Para otros es simple y llanamente un instrumento para hacer política y eso no lo vamos a tolerar".
Hay contradicción evidentes entre la derecha y la izquierda mexicana y española. Lo que se mantiene constante es que la derecha no tiene memoria histórica...lo que algunos llamamos doble moral.